Lo más difícil es decir y aceptar que "no puedo". Tener que bajar el ritmo por obligación, soltar el control y reconocer que, simplemente, hay cosas que hacía antes con facilidad y me hicieron destacarme, ser admirada y "salvar la patria" tantas veces, que hoy "no puedo". Al hacerlo, siempre se atora en mi garganta un masa inmensa y viscosa que imagino de color negro, con la apariencia y la textura del aceite quemado, que no me deja hablar y hace que duela mi cabeza. Sólo se deshace cuando corren algunas lágrimas y comprendo que es un asunto de ritmos. Mi danza existencial ahora es más lenta y cuidadosa. Ya no es desenfrenada e imprecisa con rifts de guitarra eléctrica o beats de mezclas. Tengo otra banda sonora que siempre me gustó y ahora se destaca. Como un jazz que huye a la monotonía, me voy volviendo creativa en mis movimientos, abierta a la improvisación que tanto evité en otros momentos de mi vida. Uno de los escenarios que más me cuesta e inclus...
Soy Carolina y tiemblo como mi postre favorito. Tengo la rara Enfermedad de Wilson. Aquí escribo mis memorias.